Obama sigue fumando
Un cigarrillo ocasional, muchos chicles de nicotina y una voluntad quebradiza. Barack Obama lleva años intentando dejar de fumar, tantos como mínimo desde que en el 2005 llegó al Senado de Estados Unidos e irrumpió en la política nacional, pero no acaba de lograrlo. La tentación persiste.
Fumadores en la Casa Blanca
BILL CLINTON
Monica Lewinsky explicó que a Clinton le gustaban mucho los puros, que a veces ni siquiera llegaba a encender
GEORGE W. BUSH
El presidente Bush no era fumador, pero su esposa, Laura, salía al balcón de la Casa Blanca para algún cigarrillo ocasional.
RONALD REAGAN
Regan dejó el tabaco antes de ser presidente, después de que a su hermano se le diagnosticara un cáncer de garganta.
DWIGHT EISENHOWER
Fumaba cuatro paquetes al día. Su médico le recomendó que bajara a un paquete, pero él decidió dejarlo del todo.
El presidente de EE.UU. está "en forma", y su salud es excelente, según el informe hecho público el domingo tras su primera revisión médica rutinaria desde que hace un año llegó al cargo. Los médicos, sin embargo, le animan a "seguir con los esfuerzos para dejar de fumar", y le aconsejan que mantenga la "terapia de sustitución" consistente en chicles de nicotina.
Nada dramático, a parte de una confirmación, más o menos velada, de que Obama no ha superado del todo la adicción, aunque aparentemente está lejos de ser un fumador compulsivo y de depender del tabaco en la vida cotidiana. Nada dramático, tampoco, en una presidencia hipermediática en la que todo –el color del cabello, el vestuario de la mujer, los deportes del marido– se examina con lupa en busca de un significado, de un relato ejemplar.
En un país puntero en la lucha contra el tabaco, y en una época donde está desterrado de la mayoría de los espacios públicos, los grupos antitabaco, en vez de criticar al presidente por su incapacidad para cortar en seco el hábito, lo han elogiado.
"La dificultad para abandonarlo debería enviar un mensaje a la juventud de nuestro país sobre lo difícil que puede ser una adicción cuando has empezado", dice Matthew Myers, presidente del grupo Campaign for Tobacco Free-Kids, citado por The Christian Science Monitor.
Es decir: el día que deje de fumar definitivamente, si lo consigue, Barack Obama podría convertirse en el mejor eslogan, ya no contra el tabaco, sino contra cualquier forma de adicción.
La publicación de la revisión médica es una muestra de transparencia muy propia de la democracia americana. ¿Qué adicciones tienen los mandatarios catalanes, españoles, europeos? ¿Qué niveles de colesterol?
Quien quiera sacar punta al informe médico de Obama puede descubrir también que los médicos le recomiendan "moderación en la ingesta de alcohol". Su antecesor, George W. Bush, era ex alcohólico y abstemio. Bill Clinton, aficionado a las hamburguesas y la comida basura, tiene un corazón frágil.
El lunes, en la rueda de prensa diaria de la Casa Blanca, un periodista preguntó a Robert Gibbs, portavoz del presidente, si el estrés que implica gobernar han complicado aún más la renuncia al tabaco. "Sí –respondió Gibbs–. Quiero decir que no puedo imaginarme que esto le ayude".
