Bonifacio Buenaventura. Comunidad de Madrid.Comentarios de un usuario, médico para más señas, acerca de las polifacéticas funciones de las bibliotecarias en los nuevos hospitales de reciente creación.
El lunes, cuando acudí a la biblioteca, ELLA estaba ejerciendo de vocal en la Comisión de Calidad. El martes, cuando regresé al mismo lugar, ELLA tampoco estaba allí, sino en el Servicio de Admisión cumplimentando historias clínicas. El miércoles insistí en volver a la biblioteca, pero ELLA se encontraba en una reunión de la Comisión de Docencia. El jueves decidí no intentarlo, ELLA en cambio sí que acudió. Nuestro destino era no cruzarnos nunca hasta que, por fin, el viernes y a las 9 de la mañana en punto, pude encontrarme con ELLA, la bibliotecaria de mi hospital, Bárbara, en el lugar adecuado, la biblioteca, mi biblioteca, nuestra biblioteca.
Cuánto añoro la biblioteca y la bibliotecaria de mi hospital de toda mi vida. Una biblioteca abierta mañana y tarde, accesible a los usuarios, con su sala de lectura luminosa y amplia, sus estanterías rebosantes de revistas, sus ordenadores siempre dispuestos a permitirme consultar la última información y, sobre todo, con su bibliotecaria de carne y hueso.
Cometí el error de solicitar el traslado a uno de los hospitales de la Comunidad de Madrid de nueva creación, después de 30 años de trabajo en el mismo Servicio de Medicina Interna. Por sublimar mi ego (me habían ofrecido una jefatura de servicio), por trabajar con jóvenes profesionales y, sobre todo, por tener el trabajo a cinco minutos de casa. La ilusión de toda una vida, poder ir andando al trabajo, sin prisas y sin tener que coger el coche.
Cuando inauguraron el hospital no había biblioteca, ni bibliotecaria. Bárbara llegó al cabo de los meses. Meses que transcurrimos demandando ayuda a la bibliotecaria de nuestro antiguo hospital y consultando la biblioteca virtual de la Laín Entralgo. Todos nos las prometíamos muy felices, pues ELLA nos ayudaría en nuestras búsquedas bibliográficas, nos permitiría encontrar los factores de impacto de las revistas más codiciadas para publicar, nos localizaría los artículos imposibles, nos resolvería los problemas de nuestras claves y contraseñas, y nos enseñaría a manejarnos eficientemente con PubMed. Podríamos seguir investigando, publicando, leyendo y aprendiendo con más facilidad, pues ELLA nos haría más sencilla nuestra torpe búsqueda y localización de la información médica. Soñábamos con una bibliotecaria del Renacimiento, polifacética. ¡Nunca podríamos imaginar cuán polifacética iba a resultar nuestra Bárbara!
¿Por qué los cirujanos pueden dedicarse exclusivamente a sus cirugías, las supervisoras a organizar sus servicios de enfermería, los celadores a empujar sus camillas, los administrativos a resolver las burocracias del hospital y Bárbara, nuestra bibliotecaria no puede ejercer full-time de lo que mejor sabe hacer, ser bibliotecaria? Ella no sólo debe atender sus funciones en la biblioteca, sino también prestar sus servicios indistintamente en los departamentos de calidad, formación, codificación, admisión…? No dudo (no he dudado, y nunca dudaré) de sus capacidades profesionales. Pero, ¿para que funcione eficientemente el hospital la bibliotecaria debe hacer de todo? ¿Es que no hay profesionales suficientes, y más especializados, en dichos departamentos para tener que vaciar la biblioteca casi todos los días de su bien más preciado, su bibliotecaria responsable? Dichosa ella que, cuando se jubile, será un cúmulo y dechado de sabiduría y conocimientos, pero desdichados nosotros (sobre todo, los más veteranos), que deberemos de conformarnos, en el sentido literal del término, con una bibliotecaria virtual o con un holograma, a falta de una bibliotecaria de carne y hueso, que escucha, explica y enseña, incluso cuando tomamos café junto a la máquina expendedora de brebajes y refrescos.
¡Me arrepiento! ¡Qué egoístas somos los médicos! Queremos una bibliotecaria para nosotros solos y además encerrada en los muros de su (de nuestra) biblioteca. Reflexionando, he llegado a la conclusión de que el gerente (nuestro gerente) es sabio. Si él ha decidido formar en todos los saberes (el trívium y el quadrivium, por supuesto) a nuestra bibliotecaria y hacerla conocedora de múltiples servicios en el hospital (formación, admisión, calidad, …), ¿quiénes somos nosotros para obstaculizar su proceso de aprendizaje?
Conformémonos con acudir a la biblioteca con cita previa y esperar pacientemente nuestro turno. A fin de cuentas, nuestra formación en recursos de información, nuestras búsquedas, nuestros artículos y nuestros documentos pueden esperar… pues tan sólo deberíamos dedicar nuestro tiempo en el hospital a atender la salud de nuestros pacientes.
Yo sólo quiero una bibliotecaria-bibliotecaria y no una bibliotecaria-thermomix. No quiero un servicio de biblioteca devaluado. ¿Tan difícil es?