Luis Angel Oteo Ochoa. Dº Desarrollo Directivo y GSS. Escuela Nacional de Sanidad. Iº de Salud Carlos III- Mº de Ciencia e Innovación.Termino este artículo un poco dopado por la lánguida situación general que nos acompaña; pero no seamos alarmistas….aunque la situación sea alarmante. Amar al amado por sí mismo, por que cuando se ama, uno ya no está en sí mismo, sino en el amado”.
Se veía venir –estaba cantado que dirían los castizos en pleno San Isidro-. No se puede estar siempre en el pórtico de la gloria, ni jugando al escondite, ni de cofrade en la procesión del silencio.
No hacia falta consultar con nuestros astrólogos de cabecera, ni visualizar nuevas constelaciones, ni atender a los oráculos holísticos, ni conocer la alquimia beligerante de los mercados, ni “mirar a los ojos” de la siempre modosita bola de cristal, para poder activar nuestro ADN de realismo “calvinista”.
Se acabaron los sueños de una noche de verano y nos quedamos con la cruda realidad: llegan las pesadillas y las incertidumbres. Estamos en la línea Maginot.
El estruendoso vendaval de los mercados nos ha puesto al borde del abismo; y estos entes aparentemente invisibles –sin espíritu ni compasión- no entienden (ni atienden) a procesos ni maniobras electorales, a tumultos ni zafarranchos políticos, ni al tufo y descrédito de las instituciones que dicen representar el “Estado de Derecho”, ni a nuestras genuinas “guerras intestinas” por un mendrugo de poder, ni a los comportamientos oportunistas de los agentes económicos y sociales, ni a los egoísmos ilustrados de algunas Comunidades Autónomas y mucho menos, a los parados e indigentes de solemnidad tirados en la cuneta de la indiferencia humana.
Nos han contagiado -y no precisamente de gripe A- y esta vez, sí o sí, hemos tenido que dar un giro copernicano y pasar precipitadamente a la acción, y ya sólo nos queda por dignidad y responsabilidad intergeneracional fundir las fronteras de nuestras diferencias en una unidad de destino compartido. Los anhelos de las jóvenes generaciones no pueden quedar bajo los cascotes de la crisis económica y social.
Pero vayamos por partes analizando las complejas integrales de futuro.
Notas de Coyuntura Económica Internacional
En las economías avanzadas todos los países siguen intentando de forma continuada adaptarse a los efectos de la recesión global con diferentes instrumentos y tiempos de acción. Nuestra Europa Social ha mostrado en la coyuntura actual sus puntos más vulnerables ante el tornado especulativo de los mercados.
La Unión Económica y Monetaria (UEM) ha venido caminando a la “pata coja” desde que se puso en circulación el euro en 1999. Por ello, el rescate de la zona euro en las actuales circunstancias de desestabilización de nuestra moneda, se ha convertido en el principal objetivo de todos los países miembros de la UE, porque es aquí donde Europa, la casa común, se juega su futuro; se trata por tanto y sin dilación alguna, de proteger el euro.
Se sabía que la UEM necesitaba de unidad política, de mayor coordinación y buen gobierno de las economías nacionales, y también de un federalismo presupuestario y fiscal comunitario. Así mismo se constataba que el Modelo de Estabilidad y Crecimiento no era suficiente garantía para poder enfrentar crisis financieras, fiscales o de competitividad de los países integrados en la zona euro. La debilidad de la eurozona se ponía de manifiesto, entre otros muchos factores, por el mínimo presupuesto comunitario (1,1% del PIB-UE), frente al presupuesto federal de Estados Unidos (25% del PIB), por ejemplo.
El proyecto Europa –2030- que el Grupo de Reflexión (presidido por el ex-presidente del Gobierno español Felipe González) entregó recientemente al Consejo Europeo no es nada tranquilizador en ninguno de los apartados que analiza el futuro de la UE-27
Europa tiene que salir “ya” del punto de mira de los mercados especulativos y paliar en lo posible sus efectos demoledores sobre las economías nacionales; aprovechando oportunamente esta crisis global para impulsar un proyecto institucional de unidad de gobernanza política y económica.
En esta dirección, y tras la reunión del Eurogrupo y del ECOFIN –y más allá de lo que pueda suponer una pérdida de soberanía de los países de la eurozona-, la decisión política y económica de los gobiernos europeos, con el apoyo del Fondo Monetario Internacional (FMI) de creación de un Fondo de Estabilización Financiera de 750 mil millones de euros, así como la disponibilidad del Banco Central Europeo (BCE) para la adquisición de deuda pública (primaria o secundaria) y privada, señalan ,por primera vez en la historia de la UE –de forma clara e incontrovertible- el camino hacia una UEM políticamente integrada para federalizar y coordinar sus medidas económicas, presupuestarias y fiscales. Sería deseable que la cohesión social como signo identitario de la sociedad paneuropea, no quedara fuera de este empeño comunitario.
Es previsible que a pesar de la consistencia del mencionado Fondo como instrumento financiero para el aseguramiento de la estabilidad del euro, y de los ajustes y recortes en el gasto público de la mayoría de los países de la eurozona, los mercados sigan volátiles y revueltos. La crisis de la deuda soberana parece seguir abierta.
Desde otra perspectiva, los recientes Informes del FMI (Perspectivas Económicas Mundiales y Estabilidad Financiera Global) ponen de manifiesto la recuperación y buen ritmo de la economía a escala mundial con previsiones de crecimiento (4,2%-2010 y 4,3%-2011), repuntando con fuerza Estados Unidos frente a Europa y Japón. En el primer documento del mencionado Informe se analiza la situación de Europa constatándose que nos enfrentamos a una recuperación lenta y desigual –con diferentes velocidades entre los países miembros de la UE- como consecuencia de nuestros propios desequilibrios macroeconómicos y de la rigidez de determinadas estructuras y mercados; y presenta a su vez proyecciones para todos los países de algunas variables como el PIB real, los precios al consumidor y el saldo en cuenta corriente.
Sus recomendaciones se centran en la prevención y resolución de los desequilibrios fiscales (porque argumentan que los riesgos relacionados con la deuda soberana de los países con economías avanzadas pueden socavar los avances en la estabilidad financiera y ampliar la crisis); en las reformas estructurales para mejorar la competitividad (Agenda 2020 de la UE); así como en la necesidad de avanzar en las nuevas estructuras de supervisión y regulación de las instituciones financieras europeas. La Comisión Europea (CE) acaba también de representar sus previsiones y son concordantes con las de FMI.
La recuperación en todas las economías avanzadas se va a ver lastrada por el gigantesco endeudamiento de familias, empresas y entidades no financieras; el colapso de muchas entidades bancarias e intermediarios financieros (que no facilitan los flujos de liquidez necesarios para impulsar la economía productiva y atender a sus clientes); y en determinados países (el nuestro muy en particular) por las dificultades en la creación de empleo. Como consecuencia de todo ello la capacidad de crecimiento será limitada.
Desde otra visión más global, no deberíamos olvidar que China, la hormiga del mundo, está en su propio paraíso terrenal; crecerá en 2010 en torno al 11%. Con el mayor índice de ahorro y de superávit por cuenta corriente del mundo, este gigante puede amenazar toda la estabilidad económica mundial. Otras economías emergentes, también respiran aires de expansión económica. A la UE-27, nos toca hacer los deberes y aplicarnos, y “no mañana sino hoy”, por que el gasto desmesurado (derroche) en que hemos incurrido algunos países europeos no ha sido responsable, y ahora tocan las rebajas y sacrificios.
Llegado a este punto, vamos a tener que agradecer a Grecia –más allá del riesgo moral- el haber contribuido a abrir los ojos de una Europa distraída y bendecir su casi “suspensión de pagos” (por cierto, el paquete de su rescate ad hoc de la UE y del FMI no ha sido muy benevolente para su achicada economía), porque nos ha abierto por fin el camino para institucionalizar una estrategia política común hacia una UE-27 más unida, integrada, coordinada, regulada, sostenible y posiblemente solidaria.
España Camisa Blanca de mi Esperanza
Finalmente, lo que muchos esperaban; nos han levantado la voz desde Bruselas, enseñado la “tarjeta roja directa” y diseñado una hoja de ruta de medidas contractivas obligadas por nuestra realidad, por el comportamiento macabro y estruendoso de los mercados especulativos y sin fundamento moral, y por que no acabábamos de coger el “toro por los cuernos”; y todo ello con una intervención y control implacable del ECOFIN sobre nuestro cogote nacional.
La Sra. Merkel y otros nos habían echado el ojo presbiteriano hacia tiempo y el amigo del alma Obama nos ha dado el último capón de confianza, por eso de los contagios interpares.
Tenemos por tanto que anticipar -ya- el calendario de reducción del déficit público contemplado en nuestro Programa de Estabilidad -con medidas de austeridad drásticas-[1], ante nuestra situación de “emergencia nacional” económica, financiera y fiscal. Tocante y sonante 15 mil millones de euros más de ajuste (recortes extraordinarios), 5 mil millones de euros este año y 10 mil millones en el 2011. Las Comunidades Autónomas y Ayuntamientos tendrán también que apechugar con esta carga en sus presupuestos, recortando en torno a 1.200 millones de euros del monto total. Es por tanto inexcusable la coordinación con los Gobiernos Autonómicos para ejecutar imperativamente la política de contracción del gasto público.
El dique de contención en el déficit público (la nueva vara de medir) contemplado en nuestro Programa de Estabilidad debe resituarse en 2010 (del -9,8% del PIB al -9,3% del PIB) y en 2011 (del -7,5% del PIB al -6,5% del PIB). Necesitaremos sin duda un techo de gasto público muy exigente en el presupuesto de 2011 y siguientes ejercicios para así cumplir con estos objetivos draconianos en el escenario previsto hasta 2013. El ECOFIN ha aceptado el Plan de Ajuste presentado por el Gobierno de España en Bruselas.
Antes del 18 de mayo, teníamos que presentar inevitablemente ante la UEM las nuevas medidas de recorte del gasto público, para evitar que nos enseñen el “certificado de defunción” y nos indiquen donde ejecutar la “necropsia” de nuestros presupuestos soberanos. Se impone por tanto la ortodoxia en los sacrificios, cumplir las “órdenes”, aceptar una intervención externa, rendir cuentas y perder cierta gobernanza nacional; y además, junto a nuestros socios comunitarios, “todos a una”, actuar con medidas universales de cumplimiento riguroso del déficit público para defender la continuidad y fortaleza del euro, hoy en continua caída.
Verdaderamente estamos en un circulo vicioso y nos hacemos las siguientes preguntas: ¿Cómo evitar que se ralentice la recuperación económica aplicando a su vez duras medidas de austeridad para disminuir el déficit público? ¿Cómo enfrentar las soluciones a nuestros problemas de competitividad, déficit público y paro cuando necesitamos simultáneamente impulsar nuestro crecimiento económico?
Por todo ello, si nuestro objetivo principal no puede ser otro que el crecimiento económico y la generación de empleo, a tenor de las recomendaciones de los “sabihondos”, tendremos que acometer las reformas estructurales pendientes: redimensionar el sistema financiero de las cajas de ahorros (el 30 de junio es el compromiso político para dibujar un nuevo mapa de estas entidades financieras); rediseñar con nuevos instrumentos de empleabilidad el mercado de trabajo; modelizar el sistema de pensiones; retomar nuevamente y de forma inexcusable el sistema educativo: modernizar nuestra política energética; y como no, poner de una vez por todas nuestra casa sanitaria en un escenario claramente reformista, por que hoy seguimos sin coraje político suficiente para enfrentar el déficit de gobernación en el conjunto del SNS, así como corregir el desorden y descontrol en las principales funciones y actividades esenciales de los servicios sanitarios públicos para mejorar su eficiencia y calidad garantizando la sostenibilidad.
Me ha llamado la atención la sorpresa, irritación y desconsuelo –por la forma y el fondo de las medidas de ajuste- que han experimentado los denominados sindicatos de clase, parece que no conocían bien el genoma de los siempre camaradas de viaje. Después del “Asturias Patria Querida “sólo queda tragar el sapo con patatas ecológicas. Esto no ha hecho más que empezar y a buen seguro que no va a ser nada fácil gobernar y gestionar la crisis…para nadie.
A algunos nos hubiera gustado que en esta operación de “salvamento nacional” hubieran arrimado un poco más el hombro aquellos que acumulan capital en la trastienda, disponen de rentas abrumadoras obtenidas en el “más allá”, defraudan sistemáticamente y con total impunidad a la Hacienda Pública (auténticos berberiscos fiscales), se escabullen en mercados ocultos de mafias y explotación del factor trabajo más vulnerable y excluido, se ponen la camisa nueva en cuanto te descuidas, se encapsulan en el blindaje de determinados grupos cartelizados y lobbys protegidos por el lado oscuro de los think-than y de los medios de “incomunicación” afines para no perder sus privilegios y proteger la caja “B”, el alma y lo que haga falta, allí donde no llegamos con la linterna los demás mortales...y en suma, y cómo no, todos aquellos entornos políticos, económicos, jurídicos y sociales impregnados por la mangancia, la corrupción y la decadencia moral.
Comparto la visión de Santos Juliá (El País, 9-5-2010) cuando señala que la “poda y los planes de austeridad para mejorar el déficit público deben comenzar por acabar con las corruptelas, los corruptos y las corrupciones“
Las políticas públicas de progreso bien entendidas hay que abordarlas tanto por el lado del gasto, sin duda, pero siguiendo criterios de eficiencia asignativa y social; así como también con el despliegue de instrumentos de garantía y control para identificar el uso perverso, abusivo y fraudulento de recursos públicos en funciones de tutela y preferencia social (algo relativamente común en nuestro país). Hay que enfrentar además el crecimiento desde el lado de los ingresos públicos y por ello me remito a los puntos señalados anteriormente, y que tienen que ver con el buen gobierno, la ejemplaridad política y la ética social.
El fraude fiscal masivo -estimado por los propios inspectores de hacienda en torno a los 280 mil millones de euros- que ha contribuido de forma lesiva a que los ingresos fiscales hayan caído en picado, es un signo más de la descapitalización cívica, descontrol e ineficiencia fiscal que deslegitima socialmente al menos alguna de las medidas gubernamentales más cuestionadas de contención y ajuste del gasto público. Con sólo una mejora del 25% de la eficiencia fiscal a través de actuaciones que permitan la identificación y control del fraude en la política y gestión tributaria, estaríamos en otro escenario de estabilidad y de garantías sociales. Llama la atención que un gobierno socialdemócrata en la actual situación de emergencia económica no esté actuando prioritariamente y con absoluta contundencia frente a éste “agujero negro” del fraude fiscal con todos los instrumentos de intervención del Estado y del derecho público.
Creo que a la luz del clima social que hoy se respira no va a quedarle más remedio al Gobierno de España que revisar su estrategia tributaria sobre todo en determinados regímenes especiales (incluido las SICAV), porque hoy es más necesaria que nunca una política fiscal equitativa y progresiva que otorgue legitimidad social a toda actuación de contención del gasto público.
Pero vayamos también gratamente a comentar algunas buenas noticias para nuestra economía con indicadores coyunturales esperanzadores, porque sin duda los hay:
1.- Por tercer mes consecutivo sigue creciendo la afiliación a la seguridad social (53.852 personas), dato positivo pero estacional; 2.- En el mes de abril bajó el paro registrado (dato crudo) en 24.188 personas (también es verdad, que una vez desestacionalizado el dato, el paro ha seguido creciendo -si bien- más tenue; pero quizás marca una leve tendencia positiva). Deberemos conocer si esta realidad la explican sólo razones estacionales. Posiblemente tengamos que esperar para crear empleo neto a que nuestra economía alcance su crecimiento potencial (2,5% del PIB); 3.- El pacto político para una Ley de Cajas que contribuya a racionalizar y mejorar la eficiencia en este sector; 4.- La facturación del sector servicios creció en el mes de marzo un 3,4% por primera vez en los últimos dos años; 5.- El índice de producción industrial de marzo creció un 5,4% respecto al año anterior; 6.- El índice de consumo al por menor del mismo mes aumentó un 3,5% interanual; 7.- Las exportaciones de mercancías crecieron un 12,8% interanual y 8.- El índice de confianza de los consumidores también experimentó una ligera mejoría en el pasado mes de abril.
Se ha confirmado también por el INE la estimación del Banco de España de un crecimiento del PIB en el primer trimestre del 0,1% (la primera tasa positiva en los últimos seis trimestres), aunque ya sabemos que una décima no es significativa estadísticamente (y por tanto consolidable) para poder hablar de forma rotunda que hemos salido de la recesión, máxime cuando se analizan otros factores del conjunto de la economía. En este mismo período en la zona euro el crecimiento ha sido del 0,2%. La previsión de crecimiento del FMI y de la CE para nuestro país en el conjunto del año 2010 se estima en (-0,4%) y en 2011 del 0,9%. La tasa de crecimiento interanual para la zona euro en 2010 se prevé sea del 0,5%.
Es previsible que la inflación se mantenga moderada (el aumento del 1,% del IPC en el mes de abril es de naturaleza estacional y para finales de año la inflación se situará estimativamente en torno al 2%) y los tipos de interés bajos, lo cual puede representar un “balón de oxígeno” para nuestra compungida economía. Ya sabemos que una subida de los tipos de interés acogotaría mucho más nuestra situación de endeudamiento generalizado.
En nada nos ayuda a la recuperación económica, bien al contrario, el encarecimiento del coste de los Títulos del Tesoro. El estallido de la crisis de deuda y el contagio en los mercados financieros, nos ha puesto contra las cuerdas. De hecho, la Agencia de rating Standard & Poor´s, que ya venía apuntando con especial predilección, nos ha rebajado la calificación de nuestra deuda soberana (el oligopolio de las tres agencias de calificación existentes está siendo cada vez más cuestionado por sus sesgos y conflictos de interés, y precisaría según muchos expertos de algún tipo de regulación).
A este respecto, el diferencial de interés con respecto al bono alemán a diez años se nos ha disparado al máximo, y la prima de riesgo de la deuda pública que tenemos que soportar nos está claramente achicharrando. Y que decir de las enormes dificultades para refinanciar la deuda privada acumulada, que para nuestro país representa la escalofriante cifra que supera los 3 billones de euros (digo bien, tres veces nuestro PIB).
Afortunadamente, las recientes decisiones de las autoridades políticas y económicas de la EU-27 (en particular del BCE) y con la inestimable ayudita del FMI nos pueden dar un respiro, pero no hay que bajar la guardia en ningún caso porque la volatilidad de los mercados es el látigo de nuestra incertidumbre. Por ello, creo que los fondos especulativos de alto riesgo que están desestabilizando preferentemente las economías de la eurozona, debieran ser también, y de una vez por todas, regulados. La Sra. Merkel acaba de tomar medidas drásticas para que los fondos de alto riesgo (hedge funds) no puedan especular -desde la opacidad de los paraísos fiscales donde se domicilian- con la deuda soberana de su país. Es deseable que los restantes países de la eurozona sigan su ejemplo.
En todo caso, soplen los vientos que soplen, siempre nos quedará el botafumeiro como al Sr. Ferrán y toda gama de bendiciones pastorales.
Como ya hemos comentado, todas estas turbulencias en los mercados y la denominada crisis de la deuda soberana han llevado a que la UEM nos haya impuesto un drástico recorte en el gasto público de 15 mil millones de euros adicionales para llegar en 2011 a un déficit próximo al 6% del PIB. Nos quedan por ejecutar muchos malabarismos –y algunos milagros- para que las cuentas públicas cuadren en un marco más exigente de estabilidad fiscal.
Pero hay dos cuñas añadidas que no me resisto a comentar brevemente. La última encuesta CIS –una vez más- viene a poner de manifiesto que la situación política es peor sí cabe que la realidad económica. La valoración de los líderes en continuo descenso, es la más baja registrada en toda nuestra historia democrática.
Justo ahora, que nuestro país necesita de un Gobierno con fortaleza, decisión y credibilidad (incluso, no descartable, un gobierno de concentración, o al menos alguna fórmula de co-gobernación nacional entre los partidos políticos más representativos) para enfrentar la grave crisis política, económica, institucional y social, las mencionadas valoraciones del espectro sociológico del país ponen los pelos de punta. En esta época de enormes dificultades para la estabilidad económica y social identificamos en otros países formas ejemplarizantes de gobernanza política basadas en la co-responsabilidad compartida en aras de los intereses nacionales y generales. Aquí por ahora no hemos sido capaces de hacerlo.
No podemos por tanto extrañarnos que una gran mayoría de la sociedad desconfíe de nuestros líderes políticos. Es insólito y además paradójico que quizás la principal fortaleza actual de cada uno de los dos líderes políticos principales de nuestro país, esté sustentada en la propia debilidad del oponente. Ambos líderes están política y sociológicamente “noqueados”, pero sobrevivirán mientras el uno se apoye en el otro en el ring de su destino. En términos sociológicos es entendible que el Presidente del Gobierno esté sufriendo más directamente el impacto de la crisis en su popularidad y apoyo ciudadano; esta circunstancia es más difícil de comprender en el líder de la oposición, el Sr Rajoy, cuya descapitalización en la confiabilidad por la población es crónica e inveterada, pase lo que pase.
Por más, y al margen de estas consideraciones más nominales, el miserable espectáculo de decadencia moral que mostraron recientemente algunos políticos (?) españoles poniendo a la luz las tinieblas de su menguado y menesteroso patrimonio, es un signo de desmesura y de mangancia que no es admisible en una sociedad madura y democrática. Ante el ficticio estado de indigencia en el que algunos aparentemente viven, daban ganas de salir solidariamente al rescate con un pan debajo el brazo. No puedo creer que estas personas piensen desde la razón (incluso desde la sinrazón) que los ciudadanos de a pie somos “jilipollas” ante este fraude social insondable.
Sin embargo, es también verdad que una buena parte de la sociedad está encallada en los pedregales furtivos de la historia de nuestro tiempo. Sólo así puede ser entendida la tolerancia social ante estas conductas tan reprobables éticamente; quizás todo ello no es más que un signo de alineación y descapitalización cívica y social de un segmento nada despreciable de la ciudadanía nacional.
El segundo problema, personalmente más dramático todavía, es el del paro,…resultado final de toda recesión económica y espejo dramático del riesgo moral masivo que acompaña a los mercados, a los reguladores y a muchas instituciones financieras, políticas y sociales.
Los 4.650.000 parados (EPA) –ya sabemos que hay un 20-25% de economía sumergida- no invitan a hacer profecías ni presagios de ningún tipo.
Algunos economistas –de los más listos- vienen señalando que la clave del dinamismo económico en España en los pasados años no fue el “sector del ladrillo”. Es cierto que la construcción intensiva generó mucho empleo; pero con muy baja productividad. Hoy el paro en este sector es del 26%; pero la economía más dinámica de nuestro país, la que genera el mayor valor añadido y representa el 72% de nuestro sector productivo, tiene una tasa de paro estimada en torno al 9.6%.
Por tanto, tendremos un problema social grave para encajar la mano de obra no cualificada procedente del sector de la construcción (los expertos estiman que se necesitaría un ajuste contractivo superior al 50% en de este sector) en un nuevo modelo productivo de capitalización tecnológica (innovación, economía del conocimiento y digital) y de factor humano cualificado.
Termino este artículo un poco dopado por la lánguida situación general que nos acompaña; pero no seamos alarmistas….aunque la situación sea alarmante.
Me veo obligado para concluir a ponerme el traje de “buenista” como alguno de mis amigos y colegas “Necesitamos crecer interiormente, incluso con una sesión de reiki usui tibetano y un poco de aroma espiritual a través de la esencia del amor humano (y para algunos pocos como yo, del divino): Amar al amado por sí mismo, por que cuando se ama, uno ya no está en sí mismo, sino en el amado”.
[1] Luis Angel Oteo. Crisis económica y pacto político: el tiempo apremia, 15 de marzo 2010. http://www.opinionras.com/