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Jueves 09 de Septiembre de 2010 | 21:27 h

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La invisibilidad de las enfermeras: a propósito de una decepción

22 de Junio del 2010

Enrique_Oltra.jpgEnrique Oltra Rodríguez. Enfermero Comunitario. Asturias.No hay evento científico o profesional de enfermería en el que los representantes políticos que presiden la inauguración o la clausura, bien sean municipales, autonómicos o estatales, no glosen con verbo encendido las bondades de la profesión y de quienes la ejercen.

No hay evento científico o profesional de enfermería en el que los representantes políticos que presiden la inauguración o la clausura, bien sean municipales, autonómicos o estatales, no glosen con verbo encendido las bondades de la profesión y de quienes la ejercen. Es entendible pues todos ellos han vivido alguna experiencia en carne propia o en la de algún familiar cercano, entiéndase hijo enfermo, abuela inválida en su domicilio… donde se han dado cuenta de la importancia de los cuidados de enfermería y de que las enfermeras en general desempeñan bien o muy bien su trabajo. Este sentimiento afecta no solo a los políticos, también llega a la ciudadanía pues todas las encuestas de satisfacción y barómetros sanitarios de los últimos años puntúan a las enfermeras como los profesionales sanitarios mejor valorados.

Si además de enfermería, en los citados foros se habla de atención primaria de salud, los elogios y el ensalzamiento de sus bondades e importancia para el sistema sanitario, se multiplican en boca de las autoridades.

Sin embargo las tornas cambian radicalmente cuando “además de predicar hay que dar trigo” y es entonces cuando políticos y gestores, con la varita mágica y prepotente que da el poder, tratan de hacer transparentes a las enfermeras, transparentes o invisibles, evitando su presencia en órganos de decisión. Las enfermeras están nula o testimonialmente representadas ¡con cierta capacidad de decisión! en Ministerios, Consejerías, Servicios Autonómicos de Salud… y otros organismos donde se toman decisiones sobre asuntos relativos a la profesión enfermera, a los cuidados de enfermería y a la sanidad en general a la que las enfermeras tienen mucho que aportar desde su propia perspectiva profesional diferenciada de otras perspectivas.

Puede argumentarse que las enfermeras sí son competentes para ejercer los cuidados directamente, pero no para estos niveles de “más alta responsabilidad”. Años atrás profesiones precursoras de la actual enfermería quizás (solo quizás) lo tendrían que admitir, pero hoy cuando el número de enfermeras con másteres universitarios se cuentan por miles, doctoradas por cientos y con formación y experiencia específica en gestión en número incalculable… la falacia se mantiene con mucha dificultad.

Las razones no son sencillas de establecer, podría hablarse de cuestiones de género al ser una profesión conceptual y sociológicamente femenina, podría hablarse de corporativismo al no ser las enfermeras… mas que enfermeras, podría hablarse de razones intrínsecas resumidas magistralmente por la enfermera doctora Denise Gastaldo con la frase “la anorexia de poder de las enfermeras”, a la que se le podría añadir “la bulimia de responsabilidad y servicio”… podría hablarse de muchas cosas.

A modo de ejemplo decepcionante y nada ejemplarizante: el pasado 27 de abril se reunió en el Ministerio de Sanidad y Política Social una comisión de representantes de varios ministerios y de insignes políticos de todas las autonomías. Sobra la aclaración de que ninguno de ellos era enfermera. Debían dilucidar algo trascendente para la enfermería como profesión, para la atención primaria y para el sistema sanitario: si se continuaba con el desarrollo de dos especialidades de enfermería (Enfermería Familiar y Comunitaria y Enfermería Pediátrica) y cumplir así el mandato del Real Decreto 450/2005 ¡cinco años después de ser promulgado! Consta que elogiaron la calidad de los programas formativos pero no dieron su visto bueno, con el nuevo retraso que eso supone, porque a unos pocos les entraron algunos miedos y varias dudas generales o conceptuales, ¡después de que otras cuatro especialidades enfermeras ya están en pleno desarrollo!, dudas que ya están amplia y profundamente debatidas, contestadas y despejadas, pero… ellos no lo sabían (póngase a esto último entonación naso-gutural del grupo cómico-musical Les Luthiers), y esto es lo que tiene basar la gestión en los oportunismos y en las ocurrencias más que en las necesidades y en las evidencias.

Y como esta situación, por el bien general, está pidiendo ser cambiada o al menos contestada, me permito a modo de sugerencias:

Cuando corresponda expresarse democráticamente en las urnas autonómicas o estatales, se puede introducir dentro del análisis de opciones la perspectiva profesional entre otras, y a quienes en sus correspondientes niveles de decisión sanitaria potencien la figura de la enfermera invisible-transparente, reconocérselo con votos invisibles-transparentes.

Quienes organicen actos científico-profesionales de enfermería deberían seguir invitando a políticos y gestores a sus actos inaugurales y de clausura pues aunque no suele dar resultados, sí que da esplendor, pero advirtiendo de que tras sus intervenciones habrá un turno de preguntas y aclaraciones ¡como con todos los ponentes! Seguro que alguno seguirá acudiendo y quien rechace la invitación… quizás es que no valía la pena invertir tiempo en su discurso.

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