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Miércoles 08 de Septiembre de 2010 | 13:58 h

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Me acuerdo… el tabaco

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Por Manuel Oñorbe de Torre, Equipo Editorial e-RAS. Ponente de la Ley de Prevención del tabaquismo de 2005.

Hace ya 40 años, en 1970, un polifacético artista estadounidense, Joe Brainard, publicó un libro que no podía ser clasificado en ningún género literario y que llamó “me acuerdo”.

Hace ya 40 años, en 1970, un polifacético artista estadounidense, Joe Brainard, publicó un libro que no podía ser clasificado en ningún género literario y que llamó “me acuerdo”. El libro era eso, sus recuerdos compilados en frases y reflexiones breves. Con los “me acuerdo” contaba de una forma sencilla una historia, su historia. El libro fue un éxito y posteriormente otros autores copiaron el modelo, el más conocido Georges Perec con su “Je me souviens”.

La historia de la elaboración de la Ley de Prevención del tabaquismo de 2006 tuvo muchas vicisitudes, apoyos y ataques muy parecidos a las que hoy se están produciendo ante el nuevo texto legislativo presentado por el Gobierno. La lectura distante de lo que está pasando me hace recuperar de la memoria esos recuerdos que espero que sirvan a los que tienen la responsabilidad de sacar la ley adelante y van a tener que capear con semejantes intereses y a los que felicito y deseo por el bien de la salud pública, la salud de todos, el mejor de los resultados. Espero que ayude.

Me acuerdo de las intervenciones a favor de la libertad de aquellos que nunca la defendieron.

Me acuerdo de que lo que ellos llaman libertad no es lo que yo llamo libertad.

Me acuerdo de la argumentación en todos los foros que me invitaban de que no tenía nada que ver la libertad de los hombres que tanto esfuerzo cuesta mantener en el mundo, y en España sabemos mucho de ello, con la salud pública y el mero respeto a los otros que necesitan respirar un aire no contaminado por el humo del tabaco.

Me acuerdo de que se sacaron de la manga la prevención y la educación para la salud que nunca les había interesado y hubo que hacer un capítulo nuevo sobre estos temas de los que después no se ha vuelto a hablar hasta ahora otra vez.

Me acuerdo de los laboratorios vendiendo su farmacopea para dejar de fumar.

Me acuerdo de las cifras de miles de puestos de trabajo que se iban a perder en la hostelería.

Me acuerdo de los cientos de millones de euros que desaparecerían de la hostelería

Me acuerdo de los sindicatos de clase que deberían defender la salud de los trabajadores del sector, fumadores pasivos obligados, con la cara vuelta a temas de mayor calado social.

Me acuerdo de la Ministra Salgado que luego se fue pero que aprovechó bien la ley.

Me acuerdo del Secretario General del Ministerio Fernando Lamata que impulsó toda la evaluación y el diseño que hizo posible la Ley.

Me acuerdo de todos los compañeros y compañeras del Ministerio que llevaban muchos años trabajando en el Plan Nacional de Prevención y Control del Tabaquismo y como dice la canción de celtas cortos “ya no queda casi nadie de los de antes”.

Me acuerdo del Congreso de los Diputados semivacío (y con el semi exagero) cuando se discutía la ley.

Me acuerdo de las presiones de algunas embajadas defendiendo los particulares intereses comerciales de sus países.

Me acuerdo que las argumentaciones para la defensa de la Ley pensamos que tenían que ser muy simples y lo hicimos sobre tres bases: la primera que el tabaquismo es un grave problema de salud pública y el principal factor causante de mortalidad que puede ser prevenido, la segunda que era el momento legislativo y la tercera que nuestras encuestas nos decían que la ciudadanía estaba mayoritariamente de acuerdo.

Me acuerdo que me convencí que es imposible convencer a los que presionan defendiendo sus negocios, siempre se volvía al principio.

Me acuerdo que el argumento de que si el tabaco es malo que se prohíba del todo siempre lo usaban los mismos.

Me acuerdo que los grandes intereses nunca dan la cara, siempre hay interpuestos con nombres rimbombantes.

Me acuerdo la cantidad de gente sanitaria que peleaba por la salud de todos sin buscar protagonismos ni intereses personales.

Me acuerdo de cómo acababa un artículo que publiqué en la Revista de Administración Sanitaria sobre la Ley “estamos ante un asunto de ciudadanía, son los ciudadanos los que lograrán que el problema de salud pública se atenúe y son los ciudadanos los que pueden producir el cambio de patrón cultural. La Ley sólo es un instrumento en sus manos”.

Me acuerdo de la politización que se hizo de la Ley y que su incumplimiento era bandería política.

Me acuerdo de que no entendía que una Ley aprobada por todos en el Parlamento de España fuese luego corregida a la baja por diversas Comunidades Autónomas.

Me acuerdo del cachondeo de cifras sobre los que fumaban, lo dejaban, el tabaco que se vendía, el que no se vendía.

Me acuerdo de que nos llamaban talibanes,

Me acuerdo que siempre acababan preguntándote si eras ex-fumador porque los ex-fumadores ya se sabe.

Me acuerdo de eso de mi abuelo fumó toda la vida y se murió a lo 95 años.

Me acuerdo de mi amigo Enrique, fumador, muerto de cáncer de pulmón que siempre defendió la Libertad de las personas.

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